Monday, February 9, 2009

Creando una salud óptima con nuestra manera de pensar

La salud y la enfermedad, al igual que las circunstancias, tienen su raíz en los pensamientos. Los pensamientos enfermizos se expresan a través de un cuerpo enfermo. Se dice que los pensamientos de temor matan a una persona tan rápido como una bala, y continuamente matan miles de personas, quizás no con la misma rapidez, pero sí con igual efectividad. En general, los pensamientos nocivos terminan por destruir el sistema nervioso.

De otro lado, pensamientos energéticos de pureza y optimismo producen en el cuerpo vigor y energía. El cuerpo es un instrumento muy frágil y elástico, que responde rápidamente a los pensamientos que lo dominan. Tarde o temprano, éstos producirán sus efectos, así sean positivos o negativos.

James Allen afirma que mientras continuemos albergando pensamientos nocivos en nuestra mente, nuestro cuerpo no estará totalmente sano. De un corazón limpio y sano emana una vida y un cuerpo igualmente limpios y sanos. De una mente contaminada proceden una vida y un cuerpo enfermizos y contaminados. El pensamiento es la fuente de la vida, de toda acción y manifestación; construye una fuente que sea limpia y pura y todo a tu alrededor será igual.

La dieta, por ejemplo, no ayudará físicamente a aquella persona que se rehúse a cambiar su manera de pensar. No obstante, al modificar los pensamientos, nuestra mente se encargará de ayudarnos a evitar las comidas nocivas y poco saludables. Si deseas perfeccionar tu cuerpo, sé cuidadoso con lo que pones en tu mente. Si quieres renovar tu cuerpo, limpia primero tu mente. Una cara amarga no es cuestión de azar, sino de pensamientos amargos. En la cara de los ancianos hay arrugas producidas por la paz y la amabilidad, otras por la dureza y reciedumbre de su trabajo, y otras talladas por la discordia. Sin embargo, ¿quién no puede distinguir entre ellas? Para aquellos que han vivido correctamente, la edad trae calma y paz.

Vivir continuamente con pensamientos negativos y pesimistas es confinarse en una prisión edificada por uno mismo. Pero pensar bien de todo, ser amable con todos, y aprender pacientemente a encontrar el lado bueno de las cosas atraerá paz en abundancia a nuestra vida.

Vamos por la vida pensando que nuestras enfermedades son el resultado del medio ambiente, que han sido heredadas, que vinieron como producto de pobres hábitos alimenticios a los que fuimos introducidos por nuestros padres, o que han sido el resultado de cosas totalmente fuera de nuestro control. Pero lo cierto es que, salvo contadas excepciones, la mayoría de nosotros experimenta el estado de salud que se ha encargado de crear con su manera de pensar. Nosotros mismos nos hemos encargado de atraer hacia nuestra vida la salud óptima de la cual gozamos o las enfermedades que hoy nos aquejan.

La buena noticia es que, como con cualquier otra área de tu vida, si deseas cambiar tu nivel actual de salud, lo puedes hacer, modificando tu manera de pensar y actuar.

Algo sobre lo cual tú tienes control absoluto.

Camilo Cruz

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