Sunday, February 1, 2009

Cuando se elige programar la mente para el fracaso

Todas las decisiones que tomamos y la manera como actuamos, consciente o inconscientemente, son el resultado de la información con que hemos programado nuestro subconsciente.

¿Cómo podemos programar nuestro subconsciente con la información que nos permita triunfar y experimentar felicidad en nuestras vidas? ¿Cuáles son los mecanismos mediante los cuales ocurre esta programación? ¿Qué funciona y qué no, qué es ficción y qué es verdad?

Si, como muchos científicos piensan, todo aquello que llega a tu mente a través de los sentidos, ya sea consciente o inconscientemente, queda grabado en ella para siempre, ¿cómo es posible que programemos nuestra mente con ideas limitantes y autodestructivas?

Para responder a este interrogante debemos recordar que únicamente la parte consciente de nuestra mente puede distinguir entre las ideas constructivas y las destructivas. De igual manera, debemos entender los procesos mediante los cuales esta programación se lleva a cabo.

Nuestra mente consciente tiene a su disposición dos procesos, la inducción y la deducción, mientras que el subconsciente sólo procesa información a través de la deducción.

El proceso inductivo que ocurre en nuestra mente consciente involucra el análisis, el juicio, la comparación y la selección de diferentes opciones o alternativas. A todo esto es a lo que nos referimos cuando utilizamos el término "pensar", que es una función exclusiva de la mente consciente.

Nosotros razonamos de manera inductiva constantemente. Lo hacemos cuando observamos y reunimos ciertos hechos o situaciones, sacamos una conclusión general a partir dé ellos y después, de alguna manera, buscamos probar dicha conclusión. Estos tres pasos suceden diariamente sin que nos demos cuenta.

Por ejemplo, si estás invitado a una cena y llegas a la mesa, el proceso para escoger dónde sentarte se basa totalmente en el razonamiento inductivo. Es posible que prefieras sentarte junto a la ventana, sin embargo, si hace frío y acabas de entrar, es probable que quieras sentarte lejos de ella. También es posible que tu decisión dependa de quienes ya están sentados o de junto a quién desees estar. Tú simplemente examinas las diferentes opciones, las analizas, las comparas, y basado en esto seleccionas la que consideras es la mejor opción.

El proceso deductivo funciona de manera distinta puesto que no exige el razonamiento calculado del método inductivo. En lugar de reunir datos y de derivar una conclusión general a partir de éstos, el razonamiento deductivo empieza en el otro extremo. Se inicia con una generalización -premisa mayor que aceptamos como cierta; después aplicamos esa idea a un caso específico -premisa menor-, y la deducción es obvia.

En este proceso, la mente simplemente acepta las premisas presentadas -sin importar si son ciertas o falsas- y llega a ciertas conclusiones basadas en dichas premisas.

Es importante tener en cuenta que los dos tipos de razonamiento tienen una gran desventaja y es que la validez de la deducción o conclusión a la que se llega depende de que las premisas en que se basa sean verdaderas.

Mediante la hipnosis se ha podido mostrar que el subconsciente utiliza procesos puramente deductivos. En este estado de conciencia alterada el hipnotizador puede hablar directamente al subconsciente de la persona, sin la interferencia de los juicios de la mente racional -la cual se encuentra temporalmente suspendida-. La persona bajo hipnosis acepta las sugerencias del hipnotizador, sin razonar sobre éstas, analizarlas o cuestionarlas, lo cual demuestra el estado receptivo, pasivo y no analítico de la mente subconsciente.

En términos generales, el proceso deductivo comienza con una premisa que nuestra mente utiliza para derivar en una conclusión. Una premisa es simplemente una afirmación que puede ser falsa o verdadera. También pueden ser dos premisas, una mayor y la otra menor, y una conclusión derivada de las dos. Esto es conocido en el campo de la lógica como un silogismo. Un ejemplo es:

Premisa mayor: Todos lo perros son mamíferos.

Premisa menor: El pastor alemán en un tipo de perro.

Conclusión: El pastor alemán es un mamífero.

No ha existido un proceso de pensamiento racional para llegar a esta conclusión. Ésta es simplemente la deducción lógica de estas dos premisas.

Así es como nuestro subconsciente funciona. Lamentablemente, muchas de las premisas bajo las cuales opera son falsas creencias que ha recibido del mundo exterior, críticas o juicios negativos de otras personas, o generalidades que carecen de total validez. Sin embargo, basado en ellas, llega a conclusiones totalmente erradas, las cuales tarde o temprano se manifiestan en nuestra vida.

He aquí algunos de estos silogismos que pueden crear círculos autodestructivos en tu subconsciente:

Ejemplo # 1:

Premisa mayor: Mi padre es alcohólico.

Premisa menor: Yo soy tal como mi padre.

Conclusión: Seguramente, yo seré un alcohólico.

Ejemplo # 2:

Premisa, mayor: Para triunfar en la vida es necesario haber estudiado en la universidad.

Premisa menor: Yo no estudié en la universidad.

Conclusión: Yo no voy a poder triunfar en la vida.

Lo peor de todo es que, después que estas creencias limitantes y conceptos negativos se programan en nuestro subconsciente, nuestra mente no tiene otra opción más que actuar basada en ellas, sin importar que tan destructivas sean y sin cuestionar si son ciertas o no.

Por esta razón debemos prestar gran atención a todo aquello que permitimos que encuentre cabida en nuestro subconsciente.

Cuando Ludwig van Beethoven comenzó a quedarse sordo, sus primeros pensamientos y reacciones fueron de impotencia y desesperación. Su estado de depresión fue tal, que incluso llegó a contemplar el suicidio. Sin embargo, resolvió no darse por vencido y decidió declararle la guerra al pesimismo. Comenzó a cambiar su manera de pensar y eligió forjar su futuro sin importar los obstáculos y las adversidades que encontrara. El resultado de esta decisión fue la composición de algunas de sus mejores sinfonías.

Un pensamiento puede condicionar nuestra mente de por vida. Una idea limitante puede detenernos para utilizar nuestro verdadero potencial inclusive mucho tiempo después de haber perdido su validez. Mientras que un pensamiento liberador puede conducirnos al éxito, aun en medio de las peores circunstancias. Y es nuestra decisión elegir qué tipo de pensamiento queremos procesar.

Recuerda que toda idea errada que mantengamos en nuestro subconsciente por largo tiempo y validemos con nuestras acciones, se convierte en una forma de auto hipnosis.

Esto es precisamente lo que le impide triunfar a muchas personas. A través de esta forma de auto hipnosis han archivado en su mente toda una serie de falsas creencias e ideas que quizás en algún momento fueron válidas pero que ya no lo son. Sin embargo, puesto que aún no han sido borradas, continúan ejerciendo su efecto limitante.

Un ejemplo clásico de esto lo ilustra uno de los primeros experimentos realizados dentro de la ciencia del comportamiento. Un grupo de ratas de laboratorio recibía descargas eléctricas cada vez que trataban de comer de un recipiente que se encontraba en su jaula. Muy pronto, como era de esperarse, dejaron de acercarse al recipiente de la comida por temor a la descarga eléctrica.

Después de un tiempo, los científicos que llevaban a cabo el experimento realizaron dos cambios importantes. Primero, pusieron en la jaula comida aún más apetecible que la primera y, segundo, desconectaron el circuito que les propinaba la descarga a los animales.

¿Qué sucedió? Las ratas continuaron evitando la comida por temor a la descarga eléctrica. Debido al condicionamiento negativo del pasado, las ratas prefirieron no comer, y finalmente murieron de hambre antes de arriesgarse a acercarse a la comida y recibir otra descarga eléctrica.

¿Te imaginas que sea preferible enfrentar la muerte en lugar de enfrentar la posibilidad de un nuevo fracaso? Si tan sólo las ratas hubiesen intentado una vez más, habrían podido comer hasta la saciedad sin consecuencias negativas; habrían recuperado la fuerza y la salud perdida y habrían retornado a una vida normal, pero ni siquiera lo intentaron.

Si este experimento te parece cruel, lo es aun más el que muchas personas vivan hoy esta misma realidad. Al igual que las desdichadas ratas de laboratorio, muchas personas han permitido que las programaciones negativas, las caídas anteriores, las críticas o fracasos del pasado las disuadan de aspirar a algo mejor. Ellas se han auto programado o han sido programadas por sus padres, profesores, familiares, amigos o, incluso, por perfectos desconocidos, para creer que son personas comunes y corrientes y por eso hoy les resulta difícil creer que posean el potencial necesario para triunfar.

Es como si los fracasos del pasado hubiesen cerrado para siempre las puertas de la oportunidad de éxitos futuros. Sin embargo, hay que tener presente que el futuro no tiene que ser igual al pasado, ya que siempre se puede cambiar, aprender y crecer.

Tristemente, cuando la mayoría de nosotros nos graduamos de la escuela secundaria ya estamos casi que totalmente programados para la mediocridad. Sé que suena duro pero es cierto, y lo peor de todo es que de ahí en adelante nos acompaña una tendencia casi inalterable a aceptar la mediocridad en todas las áreas de nuestra vida.

Terminamos por aceptar matrimonios que andan bien en lugar de buscar una relación de pareja espectacular, porque desde pequeños aprendimos que los matrimonios excelentes no existen, son casi imposibles o, si se dan, otra cosa seguramente va a andar mal. Y así muchas parejas viven durante años y hasta décadas dentro de matrimonios mediocres porque no creen que pueda hacerse algo para cambiar esta situación.

Si desde temprana edad has escuchado en tu casa que querer tener más es señal de codicia y produce infelicidad y que lo más prudente es contentarse con lo poco que uno tiene, porque es mejor tener poco y ser feliz que querer tener mucho y ser infeliz, pues no te sorprenda que hoy tengas poco. La repetición constante de estas expresiones las convierte rápidamente en programas mentales que dirigen tu manera de pensar y actuar.

Así que cuestiona cada creencia que exista en tu vida. No aceptes limitaciones sin preguntarte si son ciertas o no. Recuerda que siempre serás lo que creas ser. Si crees que puedes triunfar, seguramente lo harás. Si crees que no lo lograrás, ya has perdido. Es tu decisión.

Camilo Cruz

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