Sunday, February 22, 2009

¿Cuánto dinero deseas ganar?

Una de las preguntas que escucho con mayor frecuencia cuando comparto los postulados de la ley de la atracción es: "Doctor Cruz, ¿me está usted diciendo que yo puedo atraer con mi manera de pensar los ingresos que desee?" A estas personas les contesto siempre: ¡Sí, eso es absolutamente cierto!

De hecho, sin conocer tus circunstancias personales, tu profesión, país de residencia o situación financiera actual, puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que tus ingresos presentes son el resultado de tus pensamientos dominantes y las creencias en las que has enfocado tu mente hasta el momento.

Todos estamos recibiendo los ingresos que nos queremos ganar. Quizás no es lo que quisiéramos, lo que esperábamos ganar, o lo que habíamos planeado ganarnos, pero es lo que creemos que merecemos.

Antes de apresurarte a cerrar el libro en total desaprobación, quiero que leas los siguientes párrafos, porque estoy convencido que al final de ellos, habrás Regado a la misma conclusión: la elección sobre nuestros ingresos no es del mercado o de la economía reinante, ni de nuestro empleador o nuestro jefe inmediato. Es nuestra. Todos tenemos la posibilidad de determinar nuestros ingresos; tanto empresarios, como vendedores que trabajan con base en comisiones, o empleados que determinan los ingresos que desean generar al ejercitar su libertad de decidir cómo y en qué invierten su tiempo. Lo triste es que ante esta gran elección que todos tenemos, muchas personas optan por devengar entradas que no les permite tener el estilo de vida del cual quisieran gozar.

En mi libro: Secretos del vendedor más rico del mundo, comento como en alguna oportunidad decidí hacerle la siguiente pregunta a un grupo de profesionales y empresarios independientes que asistían a uno de mis seminarios: "¿Cuántos de ustedes creen que les están pagando lo que valen?" Ninguno de ellos levantó la mano ni respondió de manera afirmativa. De hecho, después de escuchar sus comentarios pude percibir dos cosas: Primero, que todos sentían que no recibían lo que creían merecer, y segundo, que aún así, la mayoría de ellos no estaba haciendo nada al respecto. De hecho, muchos de ellos no pensaban que hubiera nada que pudieran hacer y se habían resignado a su suerte.

Es sencillo; los ingresos o el salario que cada persona devenga van en proporción directa al valor que su trabajo agrega a la economía. Ésta es la que determina cuál es la retribución apropiada por nuestros servicios, experiencia y conocimiento, y establece que ciertas personas, de acuerdo con su trabajo, ganen cinco dólares por hora y otras ganen un millón de dólares al año.

Si estableciéramos una escala de ingresos entre estas dos cantidades -cinco dólares por hora y un millón de dólares al año- descubriríamos que la gran mayoría de nosotros nos encontramos en algún punto intermedio. Dónde nos encontremos es algo sobre lo cual cada uno tiene más control del que cree tener. Tanto la persona que gana cinco dólares la hora como la que gana quinientos dólares la hora, se encuentran justo donde desean encontrarse.

A pesar de que es el mercado el que establece esta escala de salarios, somos nosotros los que decidimos dónde queremos encontrarnos en dicha escala. Todos nosotros, consciente o inconscientemente, no sólo nos encargamos de poner un precio, un valor, a nuestro trabajo -llámalo salario, sueldo o comisiones-, sino que nos encargamos de comunicarle al mercado dichas expectativas, y al hacerlo, estamos comunicándole que ese es el valor que deseamos atraer.

¿Cuánto vale tu trabajo? ¿200... 500... 10.000 dólares semanales?

Ya sea que lo sepas o no, cada uno de nosotros lleva una etiqueta de precio invisible. La persona que gana doscientos dólares semanales se ve a sí misma devengando esa cantidad y no se ve ganando más de esa cifra.

Ella puede querer ganar más, pero su visión interna acerca de sí misma es la de alguien que sólo gana doscientos dólares semanales. Su autoestima, creencias, valores y pensamientos dominantes son los de una persona que espera ganarse esa cantidad. Lo mismo ocurre con aquella que gana diez mil dólares semanales. Ella ha determinado que esa es la cantidad que desea ganar. Se ha preparado para lograrlo. Se ha visualizado recibiendo esa cifra. Espera obtenerla, y por lo tanto, su etiqueta invisible tiene ese precio.

Hace poco le pregunté a un joven que trabaja en una farmacia cuánto ganaba. Con aire de pesadumbre y resignación me respondió: "ocho dólares por horas". Le pregunté si eso era lo que él quería ganar.

- ¿Te alcanza para vivir como verdaderamente deseas vivir?"

- "¡No!" Fue su respuesta. "A duras penas me da para sobrevivir"

- "Entonces, ¿por qué te has resignado a aceptar ese pago por tus servicios? ¿Qué haces realizando una actividad que no te retribuye de la manera que lo deseas?"

Muchas personas argüirán que ellos no tienen ningún control sobre el precio que el mercado ha asignado como pago por una hora de su tiempo. Y mientras piensen de esa manera no pueden pretender atraer hacia ellas más de lo que ya reciben.

Así que tómate el tiempo necesario para determinar cuánto deseas ganar, basado en tus objetivos y metas, tus sueños y tu misión personal. Posteriormente, determina que actividades en tu trabajo o profesión te garantizarán dichas entradas y toma la decisión de concentrarte en ellas.
Identifica también que actividades realizas actualmente en tu trabajo que no pagan dicha cantidad y que posiblemente te están robando tu tiempo y elimínalas de tu rutina diaria.

Camilo Cruz

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