Sunday, February 8, 2009

La verdadera fuente de la eterna juventud

En cierta ocasión una señora fue a retratarse. Cuando se sentó frente al fotógrafo, mantuvo la postura áspera y dura que generalmente la caracterizaba, y la mirada hosca que tanto amedrentaba a los chiquillos de la vecindad. Al ver esto el fotógrafo le dijo:

- "Señora, ¡alegre un poco más los ojos!"

Ella trató de obedecer, pero aún su mirada era dura. Así que él le dijo en tono entre cariñoso y autoritario:

- "Trate de mirar con un poco más de dulzura".
A lo que la mujer respondió con aspereza:

- "Si a usted le parece que una vieja apática puede tener brillo en la mirada, y que a pesar de su mal humor, puede ponerse alegre cuando se lo digan, usted no tiene ni idea de la naturaleza humana. Para cambiar de actitud, sería necesario tener algo alegre frente a mí".

- "Tiene razón", repuso él, "pero no es frente a usted que lo necesita, sino dentro. Y es usted misma quien puede poner ese algo en su interior. Trátelo y verá como es posible".

La señora se sintió inspirada por los modales y tono del fotógrafo, tomó más confianza, e hizo otro intento. Esta vez, fue posible ver el brillo en su mirada.

- "¡Así está bien!", exclamó él al observar el resplandor pasajero que iluminaba aquel marchito semblante. Parece usted veinte años más joven".

Camino a casa, con el corazón conmovido por las palabras del fotógrafo, las cuales habían sido el primer cumplido que oía desde la muerte de su esposo, sintió algo que ya había olvidado. Al llegar, se miró un largo rato al espejo, y exclamó: "Tal vez aquel fotógrafo tenga razón, pero ya veremos como queda el retrato".

Al recibirlo, parecía como si fuese otra. Su rostro se veía más joven. Contempló aquella fotografía durante largo tiempo, y dijo al fin con una voz clara y firme: "si fui capaz de hacerlo una vez, podré hacerlo nuevamente, " Puso entonces el espejo sobre su mesa y exclamó: "Rejuvenécete"; y nuevamente brillaron sus ojos. "¡Mira un poco más dulcemente!", se ordenó a sí misma; y una tranquila y radiante sonrisa iluminó su rostro.

Pronto sus vecinos se dieron cuenta del cambio, y le dijeron: ¿Cómo es que se está usted volviendo joven? ¿Qué ha hecho para quitarse los años de encima? A lo que respondió: Iodo lo que hice, lo hice en mi interior. Descubrí que si somos serenos, experimentaremos serenidad".

Nadie puede ser verdaderamente feliz y gozar de una salud óptima mientras no sepa controlar su cuerpo y su mente y mantener constantemente un equilibrio entre su condición mental y física. Un automóvil no anda bien porque tenga un excelente chasis, buen motor o las llantas apropiadas. Su funcionamiento eficiente no depende de tal o cual pieza, sino que resulta de la coordinación, ajuste y acoplamiento de todas las piezas que lo componen. Lo mismo sucede con un reloj. La imperfección de un solo diente del más diminuto engranaje impediría que el reloj funcione como debe y dé la hora correcta. No basta la particular perfección de cada una de las piezas, sino que todas ellas trabajen conjuntamente y en armonía.

La salud es respecto al cuerpo como lo es la hora respecto al reloj. La salud es la hora exacta del cuerpo, la armónica relación y correspondencia entre todas las partes, pues la más leve imperfección de cualquiera de ellas alterará la armonía del conjunto. El tener fuertes músculos, o un hígado en perfectas condiciones no determinan por sí mismos la salud. Ésta es el resultado del funcionamiento armónico de todos los órganos del cuerpo.

La salud y la felicidad nacen del funcionamiento equilibrado y armónico de la máquina humana -cuerpo y mente-.

Pocas personas son consientes de la enorme influencia que su mente tiene sobre su vida y su salud. Al ver un famoso especialista en enfermedades nerviosas que los medicamentos que recetaba a sus pacientes no le estaban dando ningún resultado, les sugirió que estuviesen siempre sonrientes en cualquier circunstancia. El procedimiento obró como por arte de magia. Este especialista encontró que era posible crear en los enfermos la emoción de la alegría por medio de la actitud física de la risa, que es la manifestación fisiológica de dicha emoción.

Nuestra salud suele estar tan quebrantada, entre otras razones, porque desde niños se nos ha infundido la idea de que el dolor y el sufrimiento físico son inherentes a la vida como males imposibles de evitar. De manera que crecemos creyendo que disfrutar de una salud óptima es la excepción y que debemos aceptar nuestras dolencias, pesares y melancolías como algo ineludible.

El niño oye hablar tanto de enfermedades y tan a menudo se le previene contra ellas, que crece con la convicción de que son ley de la vida, y por ello teme que en cualquier momento se quebrante su salud. Pensemos cuánto favorecería a este niño si le enseñáramos que la salud es el estado normal y la enfermedad el anormal.

Pensemos en el gran beneficio que recibiría la persona adulta si desde niña esperara mantenerse en completa salud, en vez de alimentar constantemente su mente con las posibles enfermedades que sufrirá y con la preocupación de andar siempre precavido contra el riesgo de contraerlas. Al niño se le debe enseñar que Dios no engendra jamás la enfermedad ni el sufrimiento, ni se complace en nuestras penas, sino que estamos destinados a tener salud y felicidad, cuyo resultado es el gozo y nunca el sufrimiento. La índole de nuestros pensamientos determina la índole de nuestra conducta. No podremos tener salud si, por ejemplo, estamos siempre pensando en la enfermedad, de la misma manera que no podremos vivir una vida de prosperidad si constantemente estamos enfocados en la escasez.

Cada mañana deberíamos levantarnos con la pizarra en blanco y borrar de nuestra mente toda imagen negativa, sustituyéndola por imágenes armoniosas y estimulantes. Millones de personas son causantes de muchos de los males que les aquejan debido a las ideas negativas que mantienen en su mente. Y aun cuando dichas preocupaciones existen sólo allí, los resultados que trae son muy reales.

Muchas personas cargan a cuestas todas las calamidades posibles. Viven estresadas y con una angustia constante. Parecen piezas de máquina que se mueven a velocidad forzada y crujen por falta de lubricante. La persona que vive en perfecta normalidad no debe poner la cara de acosado y perseguido que muchos ponen, como si la policía les pisara los talones.

Un poco de esparcimiento no sólo mejorará nuestra salud, sino que aumentará nuestro nivel energético. La persona consumida totalmente por su trabajo o profesión, que no cuida su salud ni busca momentos de esparcimiento y descanso, se parece al cortador de árboles, que tan afanado está en continuar su labor que se olvida de afilar su hacha y pronto queda inhabilitado para continuar su trabajo.

Nos engañamos al creer que podemos hacer un mayor y mejor trabajo poniendo más horas en él, llevando nuestro cuerpo y mente hasta el límite, que haciéndolo en menos horas, con menor fatiga, pero con mayor vigor e intensidad.

Muchas personas capaces de realizar un buen trabajo, lo dejan mal hecho, porque la mayor parte del tiempo están agotadas y cansadas. Viven como si tuvieran suspendido de un hilo sobre su cabeza, un hacha, con la amenaza constante de herirles si paran a descansar. Nunca disfrutan sin sentirse culpables.

Recuerda que una salud óptima no es simplemente el resultado de la ausencia de enfermedad, sino de vivir una vida relajada, armónica y feliz. Y el llegar a este estado sólo se logra entendiendo que cada día tenemos la oportunidad de vivir plenamente felices o plenamente miserables. Es nuestra decisión.

Camilo Cruz

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