Sunday, June 14, 2009

Ley Del Mentalismo

Amado hermano: Mi Cristo saluda a tu Cristo.
Vengo a darte la segunda Lección de Metafísica Cristiana. Vengo en nombre de mi Maestro Jesús a ponerte en posesión de la Verdad.
Como te dije en mi anterior lección Dios no castiga, castigan Las leyes cósmicas que son 7: Mentalismo, Correspondencia, Vibración, Polaridad, Ritmo, Causa y efecto y Generación. Hoy vamos a hablar algo sobre la Ley de Mentalismo, la más importante de todas las Leyes, base y estructura del mundo en que vivimos.

La Ley del Mentalismo se basa en un aforismo que dice:
“TODO ES MENTE, EL UNIVERSO ES UNA CREACIÓN MENTAL”.

Se dice que el Universo en que vivimos, es una creación mental del Todo en cuya mente vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Este Principio al establecer la naturaleza mental del Universo, explica fácilmente los varios fenómenos mentales y psíquicos que tanto preocupan al ser humano y que sin esta explicación son incomprensibles y desafían toda hipótesis científica. La comprensión de este Principio Hermético del Mentalismo habilita al individuo para realizar y conocer la Ley que rige al universo Mental, aplicándola a su bienestar y desarrollo. El estudiante de Metafísica puede emplear conscientemente las Leyes Mentales usándolas a su favor en lugar de ser usado por ellas.

Cuando pensamos, de nosotros emana una corriente magnética semejante hasta cierto punto a un rayo de luz que llega hasta el alma de las demás personas ejerciendo sobre ellas su influencia, aún así los individuos estén separados por largas distancias.

Un pensamiento fuertemente proyectado vencerá por su gran potencia la resistencia que instintivamente oponen muchas almas a las impresiones que les vienen de afuera.

Pensamientos fuertes y repetidamente proyectados en la misma dirección acabarían por penetrar donde una sola onda hubiera sido repelida. Los pensamientos ajenos ejercen sobre nosotros una influencia mucho mayor de lo que podemos suponer.

Debemos saber que “LOS PENSAMIENTOS SON COSAS” es decir, tienen cuerpo, tienen masa, al salir de nuestro cuerpo mental adquieren vida, personalidad, son una entidad que entra a funcionar según la dirección que le hemos dado, con el color y tonalidad que le hemos adjudicado en el momento de emitirlo. Así como un microscopio nos pone en contacto con todo un mundo invisible para nuestra vista normal, un mundo insospechado para el hombre sin estudios, asimismo podría en el futuro inventarse un aparato que nos permitiera “ver” y hasta fotografiar la forma y el color de los pensamientos.

Nosotros, metafísicamente, dividimos los pensamientos en dos clases: Negativos y Positivos.

Sabemos que los primeros son opacos, de bajas y sombrías tonalidades, afectan adversamente a todos aquellos a quienes van dirigidos y a quienes los emiten.

Contribuyen a rodear al individuo de una atmósfera siniestra, pesada, que entorpece su evolución ascensional en todo orden, lo vuelve una persona desagradable, antipática, indeseable, da a su fisonomía una expresión amarga que lo afea, aleja de sí los efectos, lo hacen un neurasténico crónico, porque crea lo que llamamos un Egrégor Negativo, un ente con vida, que le pertenece y se hace su inseparable compañero; que trata de tentarlo –y esto es lo que se entiende por tentación- sembrándole cada vez nuevos pensamientos depresivos, que lo van enervando. Te pondré un ejemplo: fulanito o fulanita te hizo lo que comúnmente llamamos una canallada.

Cuando la recibiste, lógicamente te indignaste, te indignaste en tu mente y emitiste pensamientos de ira, de despecho, de venganza, y hasta lo expresaste con palabras. En aquel momento salió de tu cuerpo mental una carga electrónica –y ya esto está comprobado científicamente por medio de los encefalogramas, el cerebro al pensar emite ondas eléctricas que se registran en una cinta- esa carga electrónica que emitiste fue de carácter Negativo y salió hacia el espacio donde se encontró con otras cargas afines, es decir, con rayos electrónicos similares, pensamiento de odio, de tristeza, decepcionantes, etc., emitidos por otras personas, y por simpatía se unió a ellos. Esta fuerza electrónica negativa, lanzada al espacio inconscientemente, toma cuerpo y fabrica un ente de condición negativa, es decir, cargado de mala intención, de tristeza, de dolor, de odio, de sentimientos depresivos de todo orden.

Por derecho de Correspondencia este ente pertenece a quienes lo fabricaron y periódicamente se acerca a ellos, a recordarles de nuevo el hecho que los indignó, que los hirió, que los acomplejó, etc. Cuando a tu mente vuelve “el recuerdo” –que no es otra cosa que el Egrégor tentándote- tú vuelves a indignarte, a sentir el mismo odio, el mismo deseo de desquite de venganza, etc. y el Egrégor engorda, se fortalece, crece a tu costa y cada vez te domina más y te hace su esclavo.

Cuando un Egrégor negativo se hace muy fuerte puede llevar al ser hasta la locura o el suicidio, con el agravante de que este mismo mal lo están recibiendo a su vez millones de lamas débiles, quienes bajo esta influencia caen en iguales condiciones y así se forma una conciencia colectiva de tristeza, de miedo, depresión y derrota. Así contribuimos con nuestra cuota mental al bien o al mal de la humanidad.

Por el contrario los pensamientos positivos siembran en nuestro subconsciente un semillero maravilloso y esas vibraciones luminosas que salen de nuestro cuerpo mental van a tocar otras mentes estimulándolas en el sentido positivo. Muy importante es saber que con la mente gobernamos las células de nuestro cuerpo. El cuerpo físico manifiesta en salud, belleza y energía, lo que ocurre en nuestro cuerpo mental. Es como un espejo.

Carola de Goya

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